Saturday, April 12, 2008

angst.


Hoy al levantarme supe que iba a ser ‘uno de esos días’, días de los que no se olvidan, días en los que debes enfrentar cosas que normalmente no harías, días que te hacen colapsar… simplemente uno de esos días.
Salí de la cama sintiendo ya mi cuerpo cansado, como si alguien tratará de decirme ‘no salgas de la cama, quédate, hoy no será un buen día, es mejor que te quedes ahí, descansando’. Sentía un peso enorme sobre mis hombros (físicamente hablando), pero aun así me levanté, pensando en lo raro que se sentía aquella fuerza ejercida sobre mi cuerpo… Me lavé los dientes, el dentífrico no sabía habitual, mas no le di importancia, seguí con aquella rutina de las mañanas. Mientras daba vueltas por la casa con mi cepillo de dientes en la boca pensaba en el día de ayer, y muchas de las cosas/acciones que a veces no tienen sentido, todo eso acabó al recibir una ‘pitanza’, muy rara por lo demás, la gente no suele llamarme y colgarme, más si es a las 8am. Con cierta incertidumbre reviso mi celular, el nombre que aparecía ahí no me parecía correcto, ‘mi celu debe estar fallando’ – me dije a mi misma, como si de cierta manera el mundo, mi celular, y la compañía telefónica quisieran jugarme una joda.- revisé nuevamente el celular, busqué el número exacto, ‘que raro’ – pensé – ‘debe haberse equivocado, o Isa debe estar jugando con el celular de Natalia’ – suspiré - mas no le di importancia.

Ya en Apumanque, a eso de las 4pm, y mientras mis ojos ya me fallaban por el sueño (o eso creía yo) vi pasar una silueta que me llamó la atención, ‘mis ojos me deben estar engañando’ – me dije a mi misma – ‘no puede ser ella’, y seguí en mis tareas de ‘artista del sándwich’.
Miro mi celular, - como esperando que algo pase – cuando escucho un ‘Marlene, creo que te buscan’, me acerco al mostrador y por un segundo creo que incluso quede fría. Mi cara, mi postura corporal, mi mirada, mi todo, se transformó, como esas mutaciones raras que suele tener mi cuerpo, en las cuales, hasta la voz me cambia. ‘Hola’ – me dijo – ‘¿no planeas saludarme de vuelta?’. Seis palabras que cambiaron todo mi día. ‘Hola’ – respondí – ‘¿y tú?, cuando en mi mente realmente quise decir un ¿Ahora te dignas a aparecer? Sólo atiné a un ‘¿Qué haces por aquí?’., y con un tono un poco más serio de lo habitual solo me dijo un ‘Tengo que conversar contigo’ que por un momento me congeló. ‘Salgo en 5 minutos, ¿me esperas?‘Si obvio pava, mi vida no cambiara en 5 minutos’ – me dijo -, y partí a cambiarme de ropa.
Ya lista, bajé, y con un tono un poco bobo le volví a decir Hola, ella me miró con una expresión que creo que recordaré durante bastante tiempo y me dijo ‘vamos’, sin saber hacia donde íbamos, la seguí.
‘Perdona por lo de ayer’
– me dijo con esa voz que suele relajarme tanto – ‘no sé que me pasó’, y mientras me miraba con sus ojos tricolores le respondí con una voz un poco fría pero tierna a la vez ‘No te preocupes, casi no espere’ – lo cual era falso – ‘me sirvió para hacer otras cosas que tenía pendiente’, y caminamos rumbo a una plaza ubicada cerca del metro Alcántara.

‘Estás distinta, pero igual a la vez’
, - me repetía mientras al parecer, también quedaba perpleja por la transformación de mi rostro al verla. – a lo que le contesté ‘tenía que cambiar’, y como queriendo romper el silencio y cierta incomodidad en el aire que no entendía agregué un ‘te invito un café’, no hicieron falta las palabras y nos levantamos de aquellos asientos que fueron testigos de aquel momento casi embarazoso en el cual parecíamos dos extrañas queriendo conocerse.
Al llegar a una cadena mundial de cafés, sin pensar en lo que decía mi boca soltó un ‘¿sabías cuanto extrañaba tenerte a mi lado?’ a lo cual ella respondió con una sonrisa casi coqueta, y soltó un ‘lo mismo que yo te extrañaba’ comentario con el cual bajo su cabeza, como casi avergonzándose de lo que había dicho, la miré, y le dije con un tono de ternura, casi el mismo tono que ocupo con mis parejas ‘no seas tonta, sabemos que yo te extrañé más’, y sonreí con una de esas sonrisas casi satánicas, pero que en ese momento fue distinta, no sé porque, pero se sintió distinta. Sus ojos brillaron. ‘Cállate’ – me dijo, con un tono medio enojadizo, o mas bien, de frustración – ‘quiero saber de tu vida’, 5 palabras que no entendía porque salían de su boca, ¿por qué quiere saber de mi vida? – pensé mientras me sentaba y sacaba un cigarro - ¿por qué ahora?, me evadió durante 1 año, y ahora aparece, tras 4 intentos frustrados de conversar y vernos. No entiendo.

Mientras prendía aquel cigarrillo que era testigo de mis manos temblorosas, y al darse cuenta de que estaba distraída, su boca lanzó las 2 palabras que aparte de ‘te amo’ me asustan más, más que un ‘olvídame’ más que cualquier otra palabra. ‘Te quiero’ – agachó su cabeza y su rubio cabello tapó su cara – en sus pómulos pude ver que se sonrojó, cosa que no comprendía, pero ignoré, todo por aquellas palabras, la miré con esa cara particular que suelo poner con ella, esa voz tranquilizante que solo ella saca en mi salió a relucir, como si hubiese pensando toda la vida en aquel momento le devolví la frase, que más que un ‘te quiero’ quería decir ‘te amo imbécil, ¿no te das cuenta?’. Creo que ella se dio cuenta, su cara se elevó, y su mirada cambió totalmente, como si yo hubiese sido la primera en decir aquellas palabras que a ambas nos congela.
Sentí que hablamos por horas, de nuestras actuales parejas, de los ex’s, de la vida, de la universidad, de las amistades, de las cosas que pasaron durante aquel año que se nos hizo a ambas un infierno, del colegio, de nuestras familias, de la tragicómica vida que resulto venir a Santiago, de las tocatas que se perdió en las cuales fui libre, de los cortos en los que actué, de las cosas que no acepté… de todo y de nada a la vez, pero ese nada, era la nada más completa, maravillosa, consistente, mágica que pudo haber, pero aun así –creo- ambas evadíamos un tema que sabíamos que saldría a flote.
Mi voz se torno un tanto oscura, pero sensual, no sensual ‘sexual’ sino un tanto más melancólicamente sensual, ‘debo decirte, más bien explicarte algo’, a lo cual ella gesticulo un aexpresión que me dejo más que claro que evadiría, mas me dijo ‘no es el momento’, y sonrió, con esa sonrisa que sabe que me tranquiliza, me mata y me hace revivir tan solo en un segundo. ‘nunca va a ser el momento’ –agregué, con una sonrisa un tanto conformista, pero a la misma vez satisfactoria por evadirme el tema – ‘¿qué tal tu café?’ –me dijo- ‘¿está rico?’, ‘Sí’ – le contesté – ‘pero se me antoja otro’. Y sonreí, como si las sonrisas dijieran más que mis palabras, como si fuesen escudos para que no llegáramos a silencios, pero creo que mis ojos me jugaron en contra, no sé que debieron provocarle mis ojos que ella, la mujer más fría de Chile – como buena alemana – se acerco a mí, me beso en la mejilla, y se acurrucó en mi cuello, aquel cuello que pareciese moldado para su cabeza y su poco cabello. Nos quedamos en silencio, como si nuestro silencio hablara por nosotras. ‘Hace tiempo que no estábamos así’ – me dijo con su boca casi en mi clavicula. Y con un tono que pocas veces o más bien nunca le escuché – ‘Creo que desde…’, ‘Brasil’ – la interrumpí – y suspiré, como si fuese un suspiro de despecho, a lo cual ella me contradijo con un ‘No, desde Argentina’, y su cuerpo se alejó, y agregó un ‘Antes de Rodrigo’, como queriendo decirme ‘antes de que te alejaras sin razón’.
Creo que nos quedamos mirando fijamente por unos 15 minutos, como queriendo hablar con nuestros, ojos, o más bien, como queriendo sacarle algo a la otra a través de aquellas miradas que solo nosotras entendemos. Interrumpí aquella sesión de miradas con un ‘Si me alejé fue porque te hacía mal estar conmigo, lo sé, y no te mereces sufrir, soy demasiado bipolar para ser productiva en esta amistad, y realmente, demasiado dependiente.’, la miré con una expresión que decía más que mis palabras, mis expresiones faciales volvieron a cambiar, esta vez, era una Marlene más fría hablando. Me paré, arregle mi pelo, y me puse mi chaqueta, ‘te vas a ir’, -me dijo con una voz casi temblorosa- voz que me hizo para aquella postura de rudeza, y me quebró completamente, me di media vuelta y la miré, como sabiendo que algo pasaba, que aquella voz temblorosa ocultaba algo. Sólo bastó un segundo para notar que aquella mujer de acero, aquella mujer que siempre vio como yo me quebraba por ella, aquella mujer que me destrozo y armó muchas veces, ¿llorando?, ¿por mí? No lograba entender aquel cuadro que más que pena me daba rabia, rabia porque sabía que había algo más ocultándose en esas lagrimas.
No pude decirle nada, sabía que ninguna palabra se acomodaría a aquella situación, todas no eran nada para ella, mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, y me acerqué a ella, la abrazé y coloqué su cabeza en mi pecho, apoyé mi cabeza sobre su nuca, y como si fuera la peor de las penas, lloró, como nunca antes, y yo, ahí, sin poder articular nada. Sé que una pequeña parte de mi sabía porque lloraba, pero nunca imaginé que sería por esa razón.
Fueron treinta minutos de llanto, en el cual, aquella mujer que era una niña inmadura para mí, me dejo más que claro lo que había madurado en este tiempo. Mi abrazo se volvió más tierno, no por la forma de abrazar, sino por lo que proyectaba. –amor-
‘No sabes las cosas que dan vueltas por mi cabeza’ – me dijo entre sollozos – ‘cállate’ –le dije- y con un gesto de complicidad, una lágrima calló por mi mejilla, y ella lo notó, y la besé en la frente ‘no seas tonta’ – agregué – ‘vamos que se hace tarde, te puedes resfriar y no quiero que caigas en cama’ creo que fueron mis palabras.
Caminamos durante un rato y llegamos a la calle en la que ahora reside, la casona de su ‘Opa’. ‘Necesito que decirte algo’ – me dijo con una voz fría – ‘pero no te rias, no me interrumpas, no coloques cara de ‘lo sé’, no te hagas la interesante, no me abrazes, no me digas ni hagas nada, después de esto…’ – la interrumpé con un ‘DIME’ sabiendo cual sería esa última petición-demanda – ‘Quiero…’ y su mirada volvió a descender, mi mano se poso contra su cara y levante su mentón, ‘¿quieres…? No seas tonta y dímelo de una vez’. Y en una reacción amorosa – un poco extraña de su parte – tomó mi mano que se encontraba en su mentón, la sujetó con su mano izquierda, luego, en otro gestó que me dejo casi en shock, se aferró a ella, como pidiéndome con tan solo eso que no la soltara nunca más. ‘Quiero que cierres tus ojos, y me escuches pero necesito que no me veas, no puedo si tus ojos me hablan.’ Saque mi mano de su suave y delgada mano, ya sabiendo lo que me iba a decir. Cerré mis ojos sin decir nada, mi cuerpo no respondía a mi cerebro, el cual lo único que quería era que abandonara aquella calle para no tener que vivir aquél momento. Con una voz suave, la más suave de todas, su boca articulo las palabras que me asustan, aquél ‘te amo’, nunca me había sonado tan intenso y suave a la vez, y rompiendo aquella petición que me mencionó, abrí los ojos, y como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, ella cerró los suyos. ‘te amo, y lo sabes, siempre lo has sabido’, - salió de mi boca, otra vez desobedeciendo a mi cerebro – y haciéndome saber que era tan mutuo, y tan real, abrió sus ojos, y me abrazo, un abrazo que era raro, no era YO abrazándola, esta vez, era distinto, no en su forma, realmente no sé como, pero sabía, sentía que era ELLA abrazándome.

Pasaron los minutos, y ahí estábamos, paradas en la mitad de la calle, en un gesto que pocas veces se había sentido real y mutuo, tan real, que ambas sabíamos que no volvería a pasar. De pronto, me soltó y me miro con sus ojos cristalinos, creo que nunca entenderé que fue lo que pasó, que la hizo hacer lo que hizo, que pasó por su mente… pero sea lo que sea, ese fue nuestro momento, un momento de locura, uno de esos momentos de los cuales te marcan.
[…]
De mi boca salieron tres palabras en alemán que de cierta manera la sonrojaron, y de la suya las tres mimas en Ingles con un tono que nunca olvidaré, el mismo mio, haciéndonos las tontas sobre lo que recién había pasado.


Después de eso… todo fue tan extraño, como si estuviésemos viviendo un Deja-Vú, un momento de película, o quien sabe qué, tanto así que ambas sabíamos lo que ocurriría, ‘Adiós’ –le dije, queriendo hacer énfasis en el ‘adiós’- ‘Adiós’ –me respondió besandome en la mejilla - ambas sabíamos que no nos volveríamos a ver, ya que ambas funcionamos de la misma manera, creo que por eso estos 7 años han sido los más intensos –en todo sentido- de nuestras cortas pero bien vividas vidas. Solo ella era capaz de sacar lo peor y lo mejor de mí, y al parecer, lo mismo le ocurría a ella conmigo.

Cierta parte de mí aun piensa, ¿por qué sucedió? Mientras la otra piensa ‘Fue lo mejor que pudimos decidir’, a eso mismo la otra parte responde ‘que decidimos, nadie dijo nada’, me quedo en blanco, y después de un rato ambas partes se unieron y me respondieron como una, por primera vez… ‘
y creo, solo creo… fue lo correcto.



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