Wednesday, June 4, 2008

11am

Bajo las escaleras pensando lo genial que han sido estos cuatro días. Saludo al conserje como todas las mañana. Salgo por la puerta trasera, me iba colocando los audifonos cuando -de la nada- siento a Sonia contemplándome. Doy media vuelta, y veo como sus ojos de animal abandonado están clavados en mi. No decía nada -no puede- pero su mirada me hablaba, me contó un historia fabulosa, y de pasada, hasta me cantó.
Luego de un rato llegó su dueño -o el que creo que es su dueño- y ella, muy campante, levantó su obeso cuerpo y le siguió.


El punto, es que, creo que me parezco a Sonia, el conflicto está en que yo no tengo dueño.